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Baterías Si-C
Tuesday, 11 August, 2026
Hace diez años Samsung vivió una pesadilla: su buque insignia, el Note 7, se incendiaba en los bolsillos de algunos usuarios, lo que obligó a la empresa a retirarlo de todo el mercado. Desde entonces, aborda cualquier cambio en la química de sus baterías con extrema cautela y analiza cada detalle. Este julio, por fin, ha dado el paso. En sus nuevos smartphones plegables (Z Fold8, Z Fold8 Ultra y Z Flip8) estrenó una tecnología que llevaba años rondando el sector: baterías de silicio-carbono. No es solo un cambio de nombre. El ánodo, la pieza donde se aloja la carga eléctrica, deja de ser de grafito puro para incorporar silicio, un material capaz de retener hasta diez veces más energía en el mismo espacio. El resultado es fácil de entender, aunque la química no lo sea tanto: móviles más finos con más batería, o la misma batería en un cuerpo más compacto, y de propina, cargas algo más rápidas. Eso sí, Samsung no ha sido la primera en subirse a este carro. Fabricantes chinos como Honor o Xiaomi lo llevan haciendo un par de años. La cautela tiene una explicación muy concreta: el fantasma del Note 7 planea en cada decisión que toma la compañía sobre las baterías de sus dispositivos. En mi Report del mes de agosto cuento esta historia con más calma: ¿por qué el grafito llegó a su límite? ¿cómo consigue el silicio multiplicar la capacidad sin que la batería se hinche? y ¿qué se espera para el año que viene, con la gama S ya en el punto de mira?. Un ratito para intentar entender uno de los cambios más importantes en la tecnología de baterías de los últimos años.










