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Había una vez...Un cuento, un mito y una leyenda  

Había una vez...Un cuento, un mito y una leyenda

Author: Juan David Betancur Fernandez

Language: es

Genres: History, Kids & Family, Stories for Kids

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761. La caña (India)
Episode 87
Wednesday, 25 March, 2026

Hacer click aquí para enviar sus comentarios a este cuento.Juan David Betancur Fernandezelnarradororal@gmail.comHabía una vez un reino ubicado en un valle enmarcado por las cumbres nevadas del norte de la India. Este reino tenía una prosperidad inigualable. Sus mercados rebosaban de sedas finas, especias que perfumaban el aire a kilómetros de distancia y piedras preciosas que destellaban bajo el sol llevando la clara señal de riqueza. El monarca de aquellas tierras había gobernado con mano firme durante décadas, acumulando tesoros en bóvedas tan profundas que ni la luz del día las alcanzaba y las cuales el solamente podía ver y disfrutar. . Sin embargo, el tiempo es el único ladrón al que un rey no puede decapitar, y el soberano había alcanzado ya una edad muy avanzada. Su cuerpo estaba frágil y sus manos, otrora fuertes, ahora temblaban bajo el peso de sus anillos de oro.Un día, sintiendo el aliento de la mortalidad en la nuca, mandó llamar a un yogui. Este ermitaño vivía en lo más profundo del bosque, cubierto apenas por un taparrabos, alimentándose de raíces y dedicado a la meditación silenciosa cuando recibió el requerimiento de aquel monarca se alisto a visitarlo. Cuando el místico entró al deslumbrante salón del trono, el contraste era absoluto: la serenidad desnuda de su ser frente a la opulencia temerosa de aquel hombre sentado en aquellos ricos aposentos. El rey, tosiendo levemente, tomó una larga caña de bambú pulida y se la extendió.—Hombre piadoso —dijo el monarca con voz ronca—, he odio que tu eres uno de los hombres más sabios y bondadosos de mi reino. Por eso te he mandado llamar.  tu soberano te impone una misión. Toma esta caña de bambú y recorre cada rincón de mis dominios. Viajarás sin descanso de ciudad en ciudad, cruzarás los desiertos, te adentrarás en las selvas y caminarás de aldea en aldea. Observa con atención a mis súbditos. Cuando encuentres a la persona que, a tus ojos, sea la más tonta y necia de este mundo, deberás entregarle esta caña como símbolo de su suprema estupidez así el resto del reino se podrá librar de aquel tonto y no habrá riesgo que por azares de la vida este tonto llegue a dirigir mi reino. El yogui lo miró con ojos profundos y compasivos. Hizo una leve inclinación de cabeza y respondió con voz suave pero firme: —Aunque mi espíritu no reconoce a otro rey que a mi verdadero yo interior, mi señor, habré de hacer lo que me pides para complacerte. Me pondré en camino antes de que caiga el sol.El asceta tomó la caña y partió raudo. Durante meses, sus pies descalzos levantaron el polvo de todos los caminos de la India. Soportó los calores abrasadores y las lluvias torrenciales del monzón. En los bazares, vio a comerciantes engañando a sus clientes por unas pocas monedas de cobre; en las calles, vio a jóvenes apostando su futuro en juegos de dados; en los campos, vio a hombres peleando a muerte por un palmo de tierra estéril, todos ellos los consideraba seres que podrían ser considerados tonto, pero aún no había visto a todos así que no podría juzgar si alguien seria el más tonto de todos. Conoció mucha ignorancia, avaricia y vanidad. Sin embargo, a los ojos del sabio, ninguno de ellos era el "más tonto". Sus errores nacían de la necesidad, del hambre o de pasiones pasajeras. Siempre había una chispa de humanidad en su torpeza. Así que el yogui conservó la caña.Casi un año después, decidió regresar a la capital. Al cruzar las imponentes puertas de la muralla, notó un silencio lúgubre. No había música en las calles. Al llegar al palacio, encontró un caos de cortesanos llorando y sirvientes corriendo despavoridos. El monarca había caído gravemente enfermo y el aire olía a incienso pesado y a medicinas inútiles.El yogui corrió hasta los aposentos reales. Los médicos más sabios del reino, derrot

 

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